El día anterior
Fuimos a la piscina todo el día y todo perfecto, como con esperanzas de que volviera a la normalidad. Ningún incidente.
Recién despertados
Empieza a llorar la cría y me levanto a ver qué pasa. Comienza a echarme la bronca por encender la interna y por todo. Yo le digo que no estoy haciendo nada grave y ya lo toma como una gran afrenta. En este punto se estropea el día.
Durante toda la mañana malas caras y malas contestaciones -lo usual-.
Me empieza a recriminar que en el día de ayer no hablé nada y estaba como amargado. (Sí que hablé, comentamos montones de cosas, ella parecía normal. Me sorprende especialmente esta observación)
Sobre lo de estar amargado, hombre, no tengo la sensación de que en el día de ayer estuviera, pero desde luego otros días lógicamente sí, teniendo en cuenta todo lo que tuve que estuchar durante todas las semanas y meses anteriores.
Cancelamos lo de ir a la pisicna de Ibérico. En parte porque la cría está resfriada, también. Pero se ve que no quiere nada conmigo y me dice que haga lo que quiera, cuando le manifiesto mi inteción de ir a ver la final del mundial con él.
A las 16:30 se acaba de dormir la cría y voy a casa de Ibérico a ver la final. Vuelvo justo cuando termina, a las 19:30
Antes de llegar a casa la llamo un par de veces, por si están por ahí y siempre parece comunicando. Se ve que es una de sus largas llamadas.
Llego a casa y la encuentro hablando por teléfono, nada más llegar ella se va a seguir hablando y me quedo con la cría.
Lo pasamos fenomenal, sin parar de jugar y ella super feliz. Ni siquiera hace falta ponerle los dibujos o videos.
Se acercan las 22:00 y como veo que no llega (ni me dijo dónde iba ni lo que iba a tardar), me pongo a hacer la cena. Un pescado que había y macarrones, además de preparar toda la mesa.
Llega cerca de las 22:00 y empieza de nuevo la vorágine.
Me acusa de: Hacer el pescado mal, sin salsa. (Siempre lo hacemos sin salsa, es como mejor lo come), de no haber bañado a la cría (no me indicó que había que bañarla, tampoco la bañamos todos los días, no sabía lo que iba a tardar, tampoco tuve ocasión porque no paró de jugar)
Empieza con su discurso tradicional de separación, pero esta vez va un punto más allá y avisa de que no me dejará ver a la niña, al «ser tan inútil. Ni pies ni cabeza.
Está de nuevo alterada como un demonio. No veo solución ninguna.
[REC]
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