Vuelvo de la calle después de un mes sin salir. Voy a por unas cosas al coche y a arrancarlo y dar una vuelta.
Al volver, según entro ya está como un basilisco, que no toque nada, que no deje las cosas en ninguna parte, que me quite toda la ropa… como si viniera de Chernobil. Ni me moví de la entrada y me estaba cayendo toda esa bronca.
Además era todo callejones sin salida. Tipo, quitar las llaves de los bosillos, pero al ir a dejarlas sobre alguna parte, volverse loca a insultos y gritos que no las dejara en ninguna parte. ¿Donde pretendía que las dejara? ¿Flotando en el aire?
Lo peor es el tono, un tono despectivo, como si estuviera hablando con un animal. Hoy se confirma que está muy mal de la cabeza. No tiene sentido nada. Sin haber hecho nada, las acusaciones que me hacía eran brutales y sin tener nada que ver con al realidad.
Unas horas más tarde, al acostar a la niña, de nuevo la historia de todos los días. Histérica perdida, que si no puede jugar, que si tiene que dormirse a los 10 segundos de estar en la cama. Enfados porque se ríe… Pobre..
Insinúa que no le leo cuentos. Esto ya es la locura absoluta. Le lei todos los cuentos cientos de veces delante de ella. Aún así tiene los santos huevos de decir que nunca le leí ningún cuento. Ahora está en una fase de que le gustan otras cosas, como el libro sonidos y el de princesas. Pues nada, el problema soy yo -lógicamente- que nunca le leo cuentos.
Esto es un maldito infierno en vida. Solo aguanto por Paula.