Después de pasar el fin de semana más o menos normal, al acostarla el domingo se transforma de nuevo con dos historias, estando ya en la cama:
- Que no ponga la taza de la niña en la mochila, que se la entregue a la profesora en mano al llegar. Que si no lo quiero hacer que tendrá que hacerlo ella a las tres. Todo de forma muy pasivo-agresiva.
Yo simplemente comenté que las instrucciones iniciales decían que la mochila tenía que contener dos juegos de ropa, zapatos, dos bolsas y la taza.
Pues ella, fuera de si, insinuando que si no bebía agua en toda la mañana era por mi culpa, que si no quiero que beba agua, que vale, que no le de la taza, que se la da ella a las 3.
Dios mío que locura. Una dialéctica y argumentaciones con la sola intención de herir gratuítamente, solo maldad y mezquindad.
- Segundo asunto: Casi inmediatamente, cuando la niña ya deja de jugar en la cama y se dispone a dormir como siempre abrazada a mi, pide leer un cuento, y entonces ella SE NIEGA a que se lo lea yo, argumentando que tenía que habérselo leído hacía 20 minutos, insistiendo en lo de 20 minutos.
Hay que tener en cuenta que habíamos llegado a la cama hacía 10 minutos, que todos los días, siempre, está un rato jugando un poco es decir, jamás llega a la cama y quiere leer cuentos. Nunca hay ningún problema. Cuando ella ve, en unos pocos minutos, ya se la puede leer el cuento.
Pero hoy no, como pasó la semana pasada, y a pesar de nuevo que todos los días anteriores hizo exactamente lo mismo, hoy «yo tuve la culpa de que no leyera el cuento y por lo tanto me impide que se lo lea cuando lo pide…»
Vamos, que no dije nada, porque ya sé como está de cabeza y cualquier cosa que dijera solo lo iba a empeorarlo… pero que paciencia madre mía qué paciencia…

