Tiene un problema con el horno.
Cualquier «incidencia » relacionada la hace enloquecer.
Esta vez puso el horno, se fue a la bañera dejándolo desatendido y no me dice nada, ninguna indicación.
Al rato me dice que meta una rodaja de salmón.
Me acerco y veo que se está empezando a quemar.
Me dice que baje la bandeja de posición.
Después dice que si no veo que está quemándose. Que limpie la bandeja, ponga el pescado que hay en platos y meta el salmón.
Tiro las partes quemadas de la bandeja (cebolla, aceite) y me dispongo a poner el salmón.
Aparece y al ver que había tirado el aceite, se transforma brutalmente.
Me llama, imbécil, idiota. Que no tengo ni puta idea de cocinar. Que le entran ganas de llorar. Que si quiero darle a la niña esta suela… (pero si fue ella la que lo dejó tanto tiempo…)
Dice que nunca más haré la cena. (Pero si no estaba haciendo la cena!!, solo hice lo que me dijo, limpiar la bandeja!!)
Increíble de nuevo. Es la inestabilidad absoluta:
Rec pendiente
La clave del problema es que coge unos disgustos exagerados y desproporcionados con la causa, a un nivel espectacular.
Pero no se aplica a lo suyo
Ayer mismo le daba a la niña unos tenedores para llevar a la cocina, los llevaba corriendo… a veces tropieza.
¡Ay si lo llego a hacer yo!
Argumento a decir:
«Prefiero tirar un aceite quemado del horno que darle unos tenedores a la niña y que se eche a correr con ellos.»
20181202-2100-estalla_por_pescado_horno.mp3
https://drive.google.com/open?id=1rVay2JKTENWJ-M29gc12lUeFZpXordVd
