Estaba cenando, desganada, porque está con la cosa de hacer caca líquida. Está comiendo algo de arroz y tiene el pollo presentado, aunque no lo probó.
Se pasa a mi sitio, ve un trozo de pan, y se lanza a cogerlo. Yo, a la vez, le digo que lo coja, al menos para que coma algo.
Pues ya fue el detonante para que cogiera otro enfado desproporcionado, diciendo que «no quiero que coma pollo», que para que le doy pan que siempre estoy igual.
Vamos, dando a entender que si no hubiera visto el pan, hubiera comido todo el plato de pollo, cuando sabe perfectamente que nunca pasaría.
Está fuera de sus cabales.
